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Tu huella en otros
"Las personas pueden olvidar lo que les dijiste
y lo que les hiciste, pero nunca olvidarán cómo les hiciste sentir";
esta conocida y anónima expresión resume la esencia del liderazgo, las
relaciones y el servicio al cliente. La magnitud del impacto de actitudes
propias en los sentimientos de otros rebasa la influencia de los argumentos
racionales.
El liderazgo tiene que ver con inspirar a los demás
a perseguir un sueño. Se puede convencer a los miembros del equipo sobre la
urgencia de mejorar una estrategia, cambiar procesos internos, o modificar
conductas. Pero solamente cuando ellos se sientan bien con sus promotores,
éstas transformaciones cobrarán vida. Es paradójico, pero los
"pequeños" gestos del líder determinan las grandes actitudes de los
demás.
¿De qué valen los talentos técnicos, las posiciones
de alto rango, los títulos profesionales y el poder formal si quien dirige no
hace sentir bien a su equipo? Apelar a la autoridad para ser seguido es una
arrogancia que causa obediencia, pero no lealtad natural. Creerse superior
solo porque se es el jefe, es síntoma de haber olvidado que "luego del
juego de ajedrez, tanto el rey como el peón vuelven a la misma caja",
según el dicho popular.
El sentirse bien es como la confianza, no surge por
decreto; hay que construirla con constancia y, especialmente, con
consistencia. Toma años ganarla, pero apenas un instante para perderla; tan
solo se necesita hacer sentir mal al otro. Una de las llagas emocionales más
dolorosas que se puede sufrir es decepcionar con malas actitudes a alguien
que nos admira, eso duele por muchos años.
Un cliente descontento con un servicio recibido lo
comenta con once personas; otro que se siente bien lo comunica apenas a
cuatro y mantiene su relación con la empresa. Los jugadores deportivos
luchan para el éxito de su entrenador a cambio de aprender de él y de
disfrutar sus exigencias combinadas con el buen trato. Los hijos escuchan con
atención a los padres que demuestran comprenderles. El respeto y la cordialidad
son llaves que abren puertas, la impertinencia y la arrogancia las cierran.
Lo bueno es que todos tenemos la inteligencia para rectificar, si ésta es
gemela de la humildad.
Es casi imposible lograr algo relevante sin pedir y
recibir ayuda; por eso es tan apropiado el consejo del dramaturgo Wilson
Mizner: "Procura ser amable con las personas que encuentres en tu
ascenso al éxito, porque te las volverás a encontrar en tu descenso al
fracaso". Nadie está exento de cometer amargos errores por la falta de
tacto, consideración y atención a las necesidades emocionales de sus
prójimos, pero tampoco debe estarlo para reconocer cuándo la ausencia de ese
tacto ha llegado demasiado lejos y es el momento de cambiar para dejar una
huella de valor en ellos.
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jueves, 2 de enero de 2014
Tu huella en otros
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